Deseo. Anhelo.
Esperanza. Querer. Todos relativamente familiares y a la vez tan distintos.
Quiero comenzar
diciendo que, a pesar de las discusiones que hemos tenido acerca de las cosas
que queramos cambiar a Venezuela o nuestros deseos más profundos y sinceros
para este país, Venezuela es un país hermoso.
Venezuela posee
gente tan llena de vida que casi duele mirarlo. Sus habitantes son ciudadanos
de bien, optimistas, de la clase de personas que no se dejan abatir por una
dificultad. Las circunstancias lastimosamente nos han obligado a volvernos unos
contra otros, revelando lo peor de cada uno que, indudablemente, debería
permanecer oculto. Pero bien reza el dicho: “La esperanza es lo último que se
pierde”, los venezolanos hemos tomado esto como nuestro lema personal y aún
seguimos luchando por la nación que deseamos.
Realmente espero
que en los años venideros la Venezuela ideal, que algunos llaman utópica, pueda
ser la Venezuela que yo este orgullosa de llamar mi hogar. Espero que todos
podamos convivir en armonía, sin conflictos de ningún clase. Que en vez de
rechazar, podamos abrazar las diferencias, y hacer sentir a aquellos que no son
como nosotros parte de nuestro ser. Que las opiniones de cada uno sean
respetadas y no criticadas. Que las diferencias culturales e ideológicas no se
impongan como una barrera, sino como una escalera para alcanzar el éxito.